Mercado de MostensesEl Mercado de Babel

Una cosa es contarlo y otra es verlo. Olerlo. Escucharlo. El Mercado de los Mostenses de Madrid es –literalmente- eso que algunos llaman melting pot, la olla de la mezcla.
Y justamente de ollas va la cosa porque aquí, en estos alucinantes dos mil metros cuadrados, se encuentran los ingredientes para prepararlo todo: desde cebiche (sí, hay corvina, sí, hay concha prieta) hasta cous cous, borsh, asado, pollo massala o esos deliciosos e impronunciables platos chinos que uno, como niño, tiene que señalar con el dedo.
Paisajes de Las mil y una noches, el trópico más profundo, las pagodas, los zocos, un póster del Barcelona Sporting Club, un par de pandas dibujados, el Cristo de los Milagros, un gatito dorado con la pata levantada, un letrero de Hoy no fío mañana sí, incienso, las montañas de Cochabamba, un narguile, luces navideñas en abril… La decoración de los 99 puestos del céntrico mercado es una metáfora de la ciudad. La olla de la mezcla: el 17% de los seis millones de madrileños nació fuera de España.

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El dios de los corruptos

He dicho ya muchas veces que mi hogar es digno de un Comando Actualidad: dos profesionales con especializaciones de treinta y muchos años viviendo con unos sueldos míseros, considerando la emigración –ay, la emigración, de eso sé demasiado-, imposibilitados por las circunstancias de ser algo más que sobrevivientes, habitantes del vasto territorio del no poder (no poder ser padres, no poder comprar una vivienda, no poder proyectar nuestras vidas en un plazo mayor a un mes).

Hiperrealismo.

4VWs (1971) del estadounidense Don Eddy

Hiperrealismo, ¿arte u oficio?

Lo primero que nos acerca a la exposición son decenas de carteles en la calle que invitan a visitarla. Los carteles reproducen la imagen de unos Volkswagen escarabajo nuevecitos y brillantes con sus formas redondas llenas de reflejos como si estuvieran en el patio de una concesionaria en un día muy soleado y les acabaran de pasar un trapo. Se trata del cuadro 4VWs (1971) del estadounidense Don Eddy, uno de los más destacados representantes de este género. Cuesta convencerte de que esos Volkswagen han sido pintados y no fotografiados.

Sobre Cincuenta Sombras de Grey

La trilogía Cincuenta Sombras de Grey

La trilogía Cincuenta Sombras de Grey

 

Erika James, más conocida como E.L. James, podría, si quisiera, construirse un castillo de oro. El éxito de Cincuenta Sombras de Grey ha sido tal que esta escritora de cincuenta años, hija de escocés y chilena, dice que está viviendo un sueño. Y qué sueño: vender sesenta millones de ejemplares de tus libros, ser una de las cien personas más influyentes del mundo para la revista Time y recibir toneladas de dinero por los derechos para el cine. Les diré cómo es Erika físicamente: tiene un aire a Rosana, la cantante española, y a Mercedes Sosa de joven.

Miedo y asco en Plaza Lagos

 

Ella giró el cuello y dijo:

-Ya no hay ningún sitio exclusivo en esta ciudad. Todo el mundo puede ir a todos lados.

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Se refería a una familia cuya piel, según su Pantone personal, tenía dos tonos por encima de lo que ella consideraba apropiado para pasear por su Plaza Lagos, la miniatura de Miami en Samborondón. Qué vaina. Ella hubiera deseado que, como las montañas rusas que tienen medidores que dicen “tienes que tener al menos esta altura para pasar”, en la Puerta de Plaza Lagos hubiesen instalado un comparador étnico: “tienes que ser al menos así de blanco para pasar”.

Ella giró el cuello y dijo:

-Ya no hay ningún sitio exclusivo en esta ciudad. Todo el mundo puede ir a todos lados.

Se refería a una familia cuya piel, según su Pantone personal, tenía dos tonos por encima de lo que ella consideraba apropiado para pasear por su Plaza Lagos, la miniatura de Miami en Samborondón. Qué vaina. Ella hubiera deseado que, como las montañas rusas que tienen medidores que dicen “tienes que tener al menos esta altura para pasar”, en la Puerta de Plaza Lagos hubiesen instalado un comparador étnico: “tienes que ser al menos así de blanco para pasar”.