Mercado de MostensesEl Mercado de Babel

Una cosa es contarlo y otra es verlo. Olerlo. Escucharlo. El Mercado de los Mostenses de Madrid es –literalmente- eso que algunos llaman melting pot, la olla de la mezcla.
Y justamente de ollas va la cosa porque aquí, en estos alucinantes dos mil metros cuadrados, se encuentran los ingredientes para prepararlo todo: desde cebiche (sí, hay corvina, sí, hay concha prieta) hasta cous cous, borsh, asado, pollo massala o esos deliciosos e impronunciables platos chinos que uno, como niño, tiene que señalar con el dedo.
Paisajes de Las mil y una noches, el trópico más profundo, las pagodas, los zocos, un póster del Barcelona Sporting Club, un par de pandas dibujados, el Cristo de los Milagros, un gatito dorado con la pata levantada, un letrero de Hoy no fío mañana sí, incienso, las montañas de Cochabamba, un narguile, luces navideñas en abril… La decoración de los 99 puestos del céntrico mercado es una metáfora de la ciudad. La olla de la mezcla: el 17% de los seis millones de madrileños nació fuera de España.

Miedo y asco en Plaza Lagos

 

Ella giró el cuello y dijo:

-Ya no hay ningún sitio exclusivo en esta ciudad. Todo el mundo puede ir a todos lados.

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Se refería a una familia cuya piel, según su Pantone personal, tenía dos tonos por encima de lo que ella consideraba apropiado para pasear por su Plaza Lagos, la miniatura de Miami en Samborondón. Qué vaina. Ella hubiera deseado que, como las montañas rusas que tienen medidores que dicen “tienes que tener al menos esta altura para pasar”, en la Puerta de Plaza Lagos hubiesen instalado un comparador étnico: “tienes que ser al menos así de blanco para pasar”.

Ella giró el cuello y dijo:

-Ya no hay ningún sitio exclusivo en esta ciudad. Todo el mundo puede ir a todos lados.

Se refería a una familia cuya piel, según su Pantone personal, tenía dos tonos por encima de lo que ella consideraba apropiado para pasear por su Plaza Lagos, la miniatura de Miami en Samborondón. Qué vaina. Ella hubiera deseado que, como las montañas rusas que tienen medidores que dicen “tienes que tener al menos esta altura para pasar”, en la Puerta de Plaza Lagos hubiesen instalado un comparador étnico: “tienes que ser al menos así de blanco para pasar”.